Cantantes, locutores, actores, oradores, telefonistas, entrenadores deportivos, vendedores, narradores de cuentos, titiriteros, guías de turismo. Son incontables los profesionales y trabajadores que utilizan la voz como herramienta o instrumento de trabajo.
Nancy Grahovac, fonoaudióloga y coordinadora del Servicio de Fonoaudiología de la UEPC, describe así la diferencia entre voz profesional y ocupacional: “Cuando hablamos de ‘voz profesional’, nos referimos a voces educadas y entrenadas para lograr un sonido agradable, con cualidades artísticas y eficacia para resistir la cantidad de uso. Por ejemplo, la voz de un cantante”. “En cambio, la voz ocupacional no fue educada ni entrenada y, a pesar de ello, se usa como herramienta de trabajo. Es el caso del docente o telefonista”, añade.
El uso excesivo o incorrecto del aparato fonador, así como ciertos factores emocionales, ambientales y otras alteraciones de la salud, pueden dañar la voz e incluso ocasionar diversas patologías vocales que no sólo originan limitaciones laborales, sino también trastornos en la comunicación, y en consecuencia, un fuerte deterioro en la calidad de vida.
Según la especialista, la mayoría de las afecciones son ocasionadas por “abuso y mal uso” de la voz y podrían evitarse a con técnica y entrenamiento vocal.
“Cuidar la voz implica llevar una vida sana: evitar los tóxicos, la ingesta de alcohol y el tabaquismo, hacer una dieta sana (alimentación no excesiva en grasas ni picantes para evitar el reflujo gastroesofágico que irrita la laringe), beber buena cantidad de agua y, fundamentalmente, contar con un profesional de la voz”.
Los síntomas
Los especialistas llaman “disfonía ocupacional” a cualquier “alteración de la voz relacionada con su uso laboral”.
Las alteraciones más frecuentes a tener en cuenta son: disminución de la intensidad vocal (voz débil) y del tono (hablar más grave), acortamiento de la duración de la voz (siente que le falta aire para terminar de expresar una idea) y del registro vocal (pierde capacidad melódica), quiebres y cambios en la calidad del sonido a lo largo del día o pérdida
de voz.
Cuando alguno de estos síntomas en la garganta o alteraciones vocales no se revierten en una semana o diez días, es necesario consultar a un otorrinolaringólogo a los fines de lograr un diagnóstico precoz y una derivación oportuna.
Como decía el filósofo griego Aristóteles, “la voz es un reflejo de los estados del alma”; y un instrumento fundamental para comunicarnos y vivir en sociedad.
Recomendaciones
Educar la voz, para aprender a proyectarla y usarla con mayor rendimiento y menor esfuerzo, solicitando la ayuda de un profesional idóneo (fonoaudiólogo, profesor de canto, oratoria, etc.).
Realizar precalentamiento vocal antes de iniciar la jornada laboral y reposo al finalizarla.
Hidratarse (incluso durante la jornada laboral).
Bostezar para relajar la garganta y los músculos masticatorios (muchas personas aprietan los dientes o tensan la mandíbula y la lengua para hablar).
Disfrutar del silencio saludable (descanso auditivo).
Disminuir la velocidad del habla, realizar pausas y articular correctamente.
Utilizar cambios tonales, hablar con expresividad.
Respirar naturalmente sin gestos forzados de ningún
tipo.
Cantar en la gama tonal adecuada.
No competir con el ruido ambiente, aprender a esperar el momento para hablar.
Utilizar otros sonidos que no sean la voz para llamados de atención.
Aprender la técnica de uso del micrófono.
Evitar hábitos tóxicos como el tabaquismo, consumo excesivo de alcohol, picantes y café.
Fuente: lavoz.com.ar

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